
Símbolo de paz, sabiduría y progreso en los primitivos pueblos mediterráneos; objeto de distinción para quienes poseen uno en la puerta de sus casas, en el estado norteamericano de California: el olivo en la larga historia de la humanidad siempre ha dado que hablar.
En la actualidad, representa -a través de su fruto y principalmente de su aceite- una gran industria, pero en términos más hogareños se ha convertido en motivo de decoración de patios y jardines, además de significar -en un largo plazo y motivado por las productoras olivícolas- una ayuda económica, producto del canje de la cosecha por aceite de oliva.
Tener uno en casa no es tarea sencilla, pero tampoco algo tan complicado. Antes de plantar un olivo lo primero que "debemos tener en cuenta son los factores que afectan su producción como: la luz y el agua; por lo cual al lugar elegido no le deben faltar estas condiciones", explica el ingeniero agrónomo Rodolfo Celayes, del Área de Extensión Rural INTA - Maipú.
El precio de la planta, es quizá uno de los aspectos por el cual surgen la mayoría de las dudas. Pero para llevarse una planta joven a su casa y luego trasplantarla deberá desembolsar unos diez pesos. "Los precios oscilan entre los ocho o nueve pesos para minoristas", cuenta Carlos Corvalán, asesor del vivero Isabel, de Maipú.
Si bien existe una infinidad de variedades de olivos en todo el planeta (alrededor de unas 500 en España y unas 650 en Italia), en nuestra provincia se desarrollan entre 10 a 15 tipos. "Recomiendo -acota el ingeniero Celayes- colocar variedades de mesa o doble propósito como Arauco (variedad emblemática argentina), aloreña, picual".
También, se adaptan muy bien al suelo mendocino la arbequina, empeltre, farga, frantoio y nevadillo.
"Las plantas que se producen en los viveros vienen en macetas de tres litros. Y se pueden trasplantar en primavera, verano y otoño", explica Corvalán. Por su parte, Celayes, agrega: “La mejor época de plantación es desde el mes de octubre en adelante, ya que estamos saliendo del período de heladas".
Los olivos que se consiguen en los viveros miden alrededor de un metro de altura, y comienzan a producir aceitunas entre el tercer a quinto año. "Estando en buenas condiciones, al término de cuatro años, de una sola planta se pueden cosechar unos veinte kilos. Esto resulta interesante, como aceituna de mesa, para el consumo propio", detalla Celayes.
Y con una mayor cantidad de árboles (más de diez), según Corvalán se "puede tener un beneficio extra, porque la gente puede llevar su cosecha a una productora y canjearla por aceite, para vender o como consumo personal".
Pero antes de hacer cuentas o pensar en preparar aceitunas para acompañar con algún asado o picada, tome papel y lápiz para anotar el paso a paso para el trasplante del olivar.
Además de las condiciones ya citadas más arriba, el olivo se debe, según Celayes, "colocar en una zona donde no compita con otros árboles-arbustos y en lo posible alejado de paredes, ya que crecerá en pocos años, adquiere un gran volumen foliar".
Lo primero que hay que hacer es remover el terreno elegido, para que las raíces lo encuentren esponjoso. Luego, realizar un pozo de unos 40cm de diámetro por 45 cm de profundidad al que agregara en el fondo humus de lombriz o estiércol de gallina o cabra fermentado (aproximadamente unos 500g).
Después, hay que romper, con algún objeto cortante la maceta plástica y con mucho cuidado introducirla en el pozo tratando de que quede pegada a una de las paredes y dejándola unos 5cm por debajo del nivel de la boca del pozo ya que al rellenar y mojar la tierra la misma bajara y podría quedar al descubierto las raíces.